sábado, 19 de abril de 2008

Germanes. Carol López


Lo advertía en el programa de mano Marcos Ordóñez y «Germanes» le da la razón. Carol López es una «rara avis»; una autora y directora de comedias capaz de conjugar la situación hilarante y seducir al espectador al «abrirle ventanas inesperadas para que el aire circule por su cerebro». Y todo eso, sin decaer ni un instante, con unos cambios de ritmo que no desconciertan y que aportan nuevos matices a la historia representada.
Este crítico creyó al sentarse en la butaca que iba asistir a la enésima variación de las tres hermanas de Chéjov y la foto del cartel le recordaba demasiado a «Hannah y sus hermanas» de Woody Allen. Pero desde los primeros compases vio que el motivo chejoviano era un punto de partida para una visión radicalmente innovadora.
Tenemos, en efecto, tres hermanas. Inés, la mayor, es cuarentona, pija, ordenancista y creída. María Lanau borda su personaje con frases sentenciosas y pronunciación campanuda que evoluciona del orgullo a la tragedia; Irene es Montse Germán, madre soltera con hijo (Marcel Borras) que intenta reconstruir su vida de pareja con Àlex (Paul Berrondo); Ivonne, la hermana pequeña, alocada, con un desordenado historial de bisexualidad y drogas.
Reunidas por el funeral del padre en la casa familiar acompañan a su madre, Isabel, una mujer madura de buen ver que se niega ser viuda doliente. Amparo Fernández compone los rasgos de una generación de mujeres que sólo pudieron ser esposas y que quieren abrir las ventanas y respirar por su cuenta, desafiando la reclusión que le asignan sus hijas. El debate femenino, está servido. El de la madre con las hijas y el de las tres hermanas de caracteres tan diversos. Para sevirlo al espectador, Carol López aliña la obra con el teatro del gesto, el texto bilingüe, la comedia musical y la secuenciación cinematográfica basculando entre la parodia y el melodrama. Hay humor negro y también melancolía mortal y rosa.
Y el equipo actoral cumple perfectamente con su cometido, en especial la felliniana Maria Lanau, una Amparo Fernández cantando «Je ne regrette rien», o el un irónico y naturalísimo Paul Berrondo: el yerno que asiste atónito al debate familiar de las cuatro féminas que ponen los puntos sobre las íes de sus nombres. El nombre de Carol López va a sonar con fuerza entre las mejores autorías de la comedia.

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