Me entuasiasman menos los libros de los tres apostoles que los de Adamsberg, pero engancha,,,,,,- Pierre, hay algo que desentona en el jardín - dijo Sophia.
Abrió la ventana y examinó aquel trozo de terreno del que conocía hasta la última hierba. Lo que vio hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
Pierre siempre leía el periódico a la hora del desa- yuno. Seguramente por eso Sophia miraba tan a menudo por la ventana. Para ver el tiempo que hacía, cosa que uno suele hacer con bastante frecuencia cuando se levanta. Y cada vez que hacía malo, pensaba en Grecia, por supuesto. Aquellas contemplaciones inmóviles se llenaban a la larga de nostalgias que algunas mañanas se prolongaban hasta el resentimiento. Después se le pasaba. Sin embargo, esa mañana había algo que desentonaba en el jardín.
- Pierre, hay un árbol en el jardín.
Se sentó junto a él.
- Pierre, mírame.
Pierre levantó una cara cansada hacia su mujer. Sophia se ajustó el fular alrededor del cuello, un gesto que conservaba de su época de cantante. Para mantener la voz al calor. Veinte años antes, en una grada de piedra del teatro d’Orange, Pierre había levantado una montaña compacta de juramentos de amor y de certezas. Justo antes de una representación.


