domingo, 8 de junio de 2008

Que se levanten los muertos. Fred Vargas

Me entuasiasman menos los libros de los tres apostoles que los de Adamsberg, pero engancha,,,,,,


- Pierre, hay algo que desentona en el jardín - dijo Sophia.
Abrió la ventana y examinó aquel trozo de terreno del que conocía hasta la última hierba. Lo que vio hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
Pierre siempre leía el periódico a la hora del desa- yuno. Seguramente por eso Sophia miraba tan a menudo por la ventana. Para ver el tiempo que hacía, cosa que uno suele hacer con bastante frecuencia cuando se levanta. Y cada vez que hacía malo, pensaba en Grecia, por supuesto. Aquellas contemplaciones inmóviles se llenaban a la larga de nostalgias que algunas mañanas se prolongaban hasta el resentimiento. Después se le pasaba. Sin embargo, esa mañana había algo que desentonaba en el jardín.
- Pierre, hay un árbol en el jardín.
Se sentó junto a él.
- Pierre, mírame.
Pierre levantó una cara cansada hacia su mujer. Sophia se ajustó el fular alrededor del cuello, un gesto que conservaba de su época de cantante. Para mantener la voz al calor. Veinte años antes, en una grada de piedra del teatro d’Orange, Pierre había levantado una montaña compacta de juramentos de amor y de certezas. Justo antes de una representación.

El hombre de los circulos azules. Fred Vargas





Victor, mala suerte, ¿qué haces fuera?» A los parisinos les divierte. Desde hace cuatro meses esta frase acompaña los círculos azules que surgen durante la noche trazados con tiza en las aceras de la ciudad, y en el centro de los círculos, prisioneros, un desecho, un residuo, un objeto perdido: un trombón, una bombilla, una pinza de depilar, un yogur, una pata de paloma... El fenómeno hace las delicias de los periodistas y de algunos psiquiatras que elaboran diferentes teorías. Sin embargo, al comisario Adamsberg no le hace ninguna gracia. Los círculos y su heteróclito contenido «rezuman» crueldad. Él lo sabe, lo siente: pronto ese hecho anodino y estrafalario se convertirá en una tragedia.
Esta es la historia de una pasión. Las pasiones son insensatas por definición; como la fe, pertenecen al ámbito poroso de lo irracional. A los que nos gusta de verdad leer y siempre cargamos con libros de acá para allá como celosos marsupiales acarreando su prole, la lectura suele suministrarnos de cuando en cuando alguna pasión irrefrenable. De pronto te atrapa un tema o un autor y te empeñas en leerlo todo con arrebato furioso. Rosa Montero en el país

El rey Lear. TNC















El Centro Dramático Nacional (CDN) vuelve a la Sala Gran con una de les grandes tragedias de William Shakespeare: Rey Lear. En esta producción, el CDN apuesta por el mismo equipo que trabajó en Un enemigo del pueblo, que pudimos ver en Barcelona la pasada temporada. Un equipo encabezado por el tándem Gerardo Vera, a la dirección, y Juan Mayorga, que se encarga, en este caso, de la versión del texto. Mayorga, que también firmó la versión del montaje de Fuente Ovejuna (temporada 2004/2005 en la Sala Gran), ha elaborado una versión arriesgada y respetuosa en la que el espectador podrá encontrar la poesía, la emoción y la sabiduría que han hecho de Rey Lear un clásico indiscutible.

Rey Lear, la historia de un soberano que deja el gobierno en manos de sus tres hijas y que sufre las consecuencias de la lucha encarnizada por el poder, es una auténtica «enciclopedia de la humanidad», como afirma Mayorga. En la obra aparece lo más infame y lo más sublime de la condición humana. Esta producción tiene el atractivo añadido de poder ver a Alfredo Alcón, en su retorno a los escenarios, como Lear, uno de los grandes papeles del repertorio universal.

Crítica de Marcos Ordoñez en el País